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PROVINCIA

La Función de la Cruz y el coso de palos de Montemayor, ya son Bien de Interés Cultural

La Función de la Cruz y el coso empalizado de Montemayor, declarados Bien de Interés Cultural
Capea de novillos en la plaza de toros de palos de Montemayor.
Actualizado 14/09/2017 17:43:02
Redacción

Precisamente las celebraciones mayores se desarrollan estos días, entre el 13 y 18 de septiembre

Lo que hace unos años parecía una utopía para los vecinos de Montemayor de Pililla, se ha convertido en una realidad gracias a su labor incansable y la creencia sin fisuras en sus valores y tradiciones.

La Junta de Castilla y León ha aprobado este jueves 14 de septiembre la declaración de Bien de Interés Cultural con carácter inmaterial a la Función de la Cruz y la plaza de toros empalizada del municipio

La Función de la Cruz, se remonta en Montemayor de Pililla, Valladolid, al siglo XVII y se compone de un conjunto de actividades religiosas y festivas transmitidas de generación en generación y han sido seña de identidad y cohesión de los vecinos del pueblo.

Dentro del conjunto de las celebraciones que conforman 'La Función', y tienen lugar entre el 13 y 18 de septiembre, se encuentran las procesiones y liturgias como la Misa cantada y la procesión de la Cofradía de la Santa Cruz del siglo XVI. Sin embargo, la actividad taurina es la que mejor define a la 'La Función' entendida como las técnicas utilizadas para encerrar y correr al toro.

De esta manera, la declaración de Bien de Interés Cultural con carácter inmaterial se concreta en el conjunto de actividades taurinas tradicionales que singularizan esta celebración: encierros, lidia y capeas, especialmente en el marco donde se realizan que es el recinto taurino conocido como plaza de toros de la Empalizada.

Esta plaza se caracteriza por ser construida enteramente en madera de pino, como era habitual en la zona de Tierra de Pinares, atalancada con tablados, que se monta y se desmonta íntegramente cada año.

Los Toros de la Exaltación de Santa Cruz se documentan desde el siglo VII hasta la actualidad y se caracterizan por la continuidad en el tiempo de los diferentes elementos que componen la fiesta: el encierro mixto del ganado a correr, la capea o los toros corridos conforme a las técnicas de la tauromaquia popular y el uso de la plaza de toros atalancada, como recinto propio.

Esta tradición sigue siendo íntimamente popular con la participación de ciudadanos-aficionados tanto en la elección del ganado, como en la infraestructura y financiación, de acuerdo al carácter del pueblo comunero de Montemayor, en la que todos aportaban al común para el montaje de la plaza de toros.

Tauromaquia particular

La confluencia de los tres elementos encierro-capea-recinto, configura una tauromaquia particular en la que el encierro sigue corriendo los mismos pagos, gobernado por la misma filosofía mixta profesional/aficionado. La capea sigue componiéndose de los lances tradicionales - corte, recorte, quiebro, toreo de fortuna, toreo de atalancados o invenciones-, utilizados tradicional y generalmente en toda Castilla, pero que aquí se singularizan especialmente por el marco donde son ejecutados, la plaza de toros empalizada.

En Montemayor de Pililla se encuentra uno de los últimos restos del modelo de ‘toros de lugar’. Los mozos eran los encargados de planificar, organizar, ejecutar y financiar ‘La Función’ es decir, los toros eran comprados, encerrados, pagados y corridos por los mozos y de la misma forma, la arquitectura efímera necesaria para el desarrollo de la actividad, corría a su cargo.

La plaza de la Empalizada ha tenido a lo largo de la historia varias ubicaciones: el corro de la iglesia, la Plaza Mayor y actualmente y por razones de funcionalidad se instala a las afueras del pueblo.

De tipología singular, la plaza atalancada sigue el ancestral modelo basado en disponer dos niveles; el superior, dotado de bancadas y el inferior, cerrado con empalizada, de modo que es posible hallarse más o menos cerca del toro conforme a la voluntad de cada uno. De forma poligonal, aproximadamente cuadrada, ocupa una superficie de unos 1.500 metros cuadrados.

Son estos valores los que determinan su declaración como Bien de Interés Cultural inmaterial y, en consecuencia, la salvaguarda de ‘La Función’ y en concreto de la plaza de toros la Empalizada, viene determinada por la preservación de su espíritu así como el mantenimiento del modelo y modo de construcción de la plaza.

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