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AL DETALLE

“Cuando el producto cultural de la Semana Santa se desgaja del motivo real corre el riesgo de quedarse vacía de contenido”

Luis Argüello, Obispo Auxiliar de la Archidiócesis de Valladolid ha sido el pregonero de la Semana Santa de este año
Actualizado 07/04/2017 17:31:43
Redacción

  • Luis Argüello, obispo auxiliar de la Archidiócesis de Valladolid y pregonero de esta Semana Santaque arranca el domingo atiende a Pisuerga Noticias para hablar de éste evento... Y más.

Diego Villacorta

Desde que fuera ordenado sacerdote en 1987, la trayectoria de este palentino que ha pasado más de media vida en la capital ha estado estrechamente vinculada a la Iglesia Católica y a la curia diocesana. Pero más allá de los cargos, Luis Argüello, Monseñor Argüello desde que el pasado mes de junio fuera nombrado obispo auxiliar, el tercero en la ciudad, en la Archidiócesis vallisoletana, es una persona que conoce el tiempo en el que vive. El día 31 pronunció el pregón oficial que dio inicio a la Semana de Pasión en la capital.

La charla que ha mantenido con Pisuerga Noticias sirvió para hablar de la tradición de la Semana Santa, que ya se atisba en las calles, del presente y el papel de la institución eclesial y, sobre todo, del futuro que la espera, máxime en una época en la que, no hace falta asegurarlo, la relación Iglesia-sociedad vive encuentros y bastantes desencuentros. A ellos responde fielmente con cercanía, mirada fija y sin rodeos.

- Los periodistas solemos ir a lo práctico y a lo concreto, con los riesgos que eso conlleva. Pero, para nosotros, lo primero es lo último. ¿Qué le ha supuesto ser nombrado pregonero de la Semana Santa?

- Un honor y una responsabilidad. Valoro lo que la Semana Santa significa en Valladolid y, como creyente, más allá de las expresiones plásticas, valoro la vivencia de la Pascua. Pregonar el acontecimiento central de la fe es un honor y un reconocimiento.

- Cuando fue ordenado obispo auxiliar reconocía que eso suponía alcanzar la plenitud en el sacramento del orden” ¿Cuánta de esa plenitud ha alcanzado en estos diez meses?

- Desde el quehacer ordinario no han cambiado muchas cosas, sigo realizando las mismas tareas como vicario general de la diócesis. Pero sí ha cambiado sustancialmente la perspectiva que otras personas percibo que tienen sobre mí, lo cual me produce una emoción. Es eso que para tanta gente cercana o alejada de la vida de la Iglesia supone el ser reconocido obispo. Ser obispo te sitúa en otro plano en la Iglesia Universal, cercano al colegio episcopal. También estoy viviendo la novedad de la visita pastoral y reunirme con las personas que tienen una actividad más directa en las comunidades cristianas, lo cual me enriquece.

LA FRASE

“El Papa Francisco nos está diciendo dejad de mirad espacios a dominar y situaos en un camino histórico de misión y servicio en el que las funciones converjan. En definitiva dar importancia al tiempo sobre el espacio para evitar las pequeñas luchas por dominar el territorio”.

- En nada llega la Semana Santa y unos días antes se vive la Semana de Pasión ¿Cuánto de pasión le queda a la Semana Santa de nuestros días en quienes lo viven desde las cofradías y quienes asisten como testigos en la calle?

- Creo que se está valorando más el producto cultural en su relación con sus dimensiones turísticas, económicas y de ocio. Pero cuando el producto cultural se desgaja del acontecimiento que le fundamenta, ahí empieza a pasar algo. En las últimas décadas las Semanas Santas de la región han vivido una carrera por el reconocimiento y ser declaradas de Interés Turístico. Ahora hay un deseo de ganar una nueva “estrella Michelín”: declararla Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Esto está bien pero como solo se haga la valoración como producto y no como la realidad de una muerte que no sucede por casualidad sino de forma redentora, percibo que corre riesgo de convertirse en una estética sin contenido, una apariencia vacía.

- Precisamente dentro de ese patrimonio “inmaterial”, muchas de las personas que se acercan hasta la ciudad valoran el silencio con el que se viven las procesiones ¿Realmente es tan sorprendente como para ensalzarlo?

- Sí, cuando uno percibe que es provocado por el asombro de una talla en las procesiones nocturnas, quiere decir que el corazón humano puede asombrarse. A veces nos descoloca porque nuestra sociedad está llena de sonidos, no solo ruido, con lo que nos llega, también desde diversos medios de comunicación. Poder encontrar un oasis de silencio nos permite profundizar en la conciencia de quién somos y tiene hasta propiedades terapéuticas.

"El futuro de la Iglesia pasa por aceptar y conocer cómo situar una Iglesia más pequeña, incluso minoría cultural, en una sociedad más grande"

- ¿A qué desafíos se enfrenta hoy la Iglesia?

- La celebración de la Semana Santa surge aquí en un contexto de sociedad sacralizada y sacral, entonces por las reformas protestantes y las respuestas barrocas y católicas. Hoy vivimos en una sociedad secularizada algo nunca visto antes. El primer desafío es saber cómo transmitir la fe en Dios, cómo expresar que creer en Dios es algo bueno. Pero también pasa por aceptar y conocer cómo situar una Iglesia más pequeña, incluso minoría cultural, en una sociedad más grande y entender el diálogo con una sociedad que tiene muchas caras.

- Vivimos una época en la que el término “viralización” es paradójicamente positivo, es llegar a mucha gente ¿Qué le falta al presbiterio para que cale su mensaje?

- La “viralidad” tiene, a día de hoy, una capacidad casi automática. En el anuncio de la Iglesia conseguiríamos “viralizar” si lográsemos una doble escucha: del que quiere escuchar la palabra de Dios y del misionero que busca buenas acciones sin necesidad de practicarlo físicamente en la Iglesia. El corazón humano está bien hecho y hay un deseo interno que se tiene que escuchar y conseguir conectar con la Palabra. Pero eso tiene unos términos de lentitud para lograrse que a día de hoy suponen una dificultad. Y una posibilidad.

- Entre la gente joven se ha “viralizado” una frase: “Creo en Dios pero cada vez menos en la Iglesia y los curas”¿Qué dice a esto?

- Habría que ver si cuando decimos la palabra “Dios” se les aparece la figura también del Cristo que murió en la cruz. La respuesta sería decirles, “si dices que crees en Dios ¿Dónde te sitúa creer en él? ¿Cómo te sitúas con otros que también dicen eso?”. Si la dificultad de creer en la Iglesia está en que los que formamos parte de ella escandalizamos por nuestra fragilidad, nuestras incoherencias y pecados, les diría que reconocen también su fragilidad. Caerían en la cuenta de que la Iglesia es un grupo de personas que se saben pecadores y en ella quieren experimentar un perdón recibido y ofrecido.

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