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AL DETALLE

Doble crimen en el Club de alterne Las Vegas: El juicio

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Actualizado 12/12/2016 23:05:10
Redacción

  • El Periódico de Castilla y León realiza un seguimiento especial del suceso ocurrido en octubre de 2014 en el que perdieron la vida el dueño del establecimiento y una camarera tras un tiroteo registrado en el interior del local.

  • En la primera jornada ambos acusados se han culpado entre sí del homicidio salvo el cuarto inculpado que sí ha reconocido ayudar a deshacerse del arma y actuar como encubridor.

Los dos principales inculpados por el doble crimen registrado en octubre de 2014 en el club de alterne "Las Vegas" de Medina del Campo (Valladolid), Manuel M.M. y Antonio Adrián B.R, se han atribuido mutuamente la autoría del tiroteo en el que perdieron la vida el propietario del local y una camarera, sin que ninguno de ellos haya llegado a desvelar si el origen de los hechos fue una supuesta deuda de 2.000 euros por asuntos de drogas que mantenía el hostelero fallecido.

A falta de lo que determinen las pruebas periciales y del relato de las tres camareras que sobrevivieron al tiroteo -este martes por la tarde se escuchará una grabación con su testimonio-, los cinco varones y cuatro mujeres que componen el jurado popular constituido hoy en la Audiencia de Valladolid escucharon el testimonio de los cuatro inculpados, el matrimonio arevalense integrado por Manuel M.M. y María Vicenta P.P, así como Antonio Adrián B.R, los tres primeros expuestos a penas de 42 años por doble asesinato y tenencia ilícita de armas, y Pablo A.L, quien podría ser condenado a dos años por encubrimiento.

EL PRIMERO DE LOS TESTIMONIOS

El primero en declarar, Antonio Adrián B.R, el joven que cinco días después del doble crimen se entregó a la policía en Cáceres y propició la detención del resto de encausados, ha sostenido a lo largo de su interrogatorio -sólo ha declarado a preguntas de su defensora- que fue la mano de Manuel M.M, vecino de Arévalo (Ávila), la que blandía el revólver marca Walter que sobre las 20.00 horas del día 5 de octubre de 2014 acabó con la vida del propietario del club 'Las Vegas', el también arevalense Mariano Esteban G. y la empleada del mismo y de nacionalidad rumana Laura M.A.

En su relato de los hechos, Antonio Adrián recuerda que la noche anterior se encontraba celebrando en Madrid su cumpleaños con unos amigos cuando Manuel, al que había conocido meses antes en Fontiveros (Ávila) por asuntos relacionados con el trapicheo de drogas, le llamó insistentemente por teléfono para pedirle ayuda para un trabajo, sin especificar la naturaleza del mismo ni el escenario.

Al día siguiente, siempre según su versión, Manuel M.M. se presentó en Madrid en un turismo con su entonces compañera sentimental, María Vicenta P.P, con la que se casó posteriormente en prisión, y ambos le condujeron hasta las puertas del local de alterne "Las Vegas" en Medina del Campo, donde los dos varones se apearon y entraron en el local mientras la mujer quedó dentro del vehículo. Una vez en el interior, Antonio Adrián asegura que su acompañante entabló conversación con el propietario, Mariano Esteban G, e instantes después escuchó un primer disparo.

"Me invadió una sensación como nunca antes había tenido. Era pánico. No sentía las piernas, no sé si eso es lo que se llama estado de shock", recuerda el acusado, quien añade que salió del local y una vez fuera Manuel le cogió por el brazo y le obligó a subir al coche para iniciar una huida hacia Madrid en cuyo trayecto, según asegura, no dejó de amenazarle para que guardara silencio sobre lo que acababa de ocurrir dentro del local.

"Me recordó que era de gatillo fácil", ha explicado Antonio Adrián, y todo ello mientras la esposa del supuesto autor del tiroteo no cesaba de llorar y de gritar: "¡Manolo, me has buscado la ruina!"

El declarante mantuvo también que al día siguiente Manolo le acribilló a llamadas telefónicas y mensajes amenazantes que no devolvió. Así, ante el temor por su integridad física y la de Pablo A.L, con quien compartía piso en Madrid y al que relató lo ocurrido, optó por huir a Cáceres, lugar de residencia de su novia, y una vez allí se entregó a una patrulla de la Policía Nacional a la que desveló que se hallaba en peligro de muerte.

EN EL PAPEL DE TESTIGO PROTEGIDO

Antonio Adrián asegura que cuando se entregó a la policía lo hizo en la creencia de que pasaba a convertirse en testigo protegido, al tiempo que ha puesto en valor su confesión de los hechos, sin la cual, presume, posiblemente no se habrían podido esclarecer. "He resuelto el caso, llámenme chivato, pero no me arrepiento de nada. Si no es gracias a mí, y no es por echarme flores, hoy no estaríamos aquí", ha resumido un acusado que mantiene igualmente que no conocía a las víctimas y que nunca antes había estado en Medina del Campo.

La versión de Manuel, sin embargo, ha sido radicalmente opuesta. El arevalense, a preguntas exclusivamente de su abogado, alega que el anterior le suministraba ocasionalmente droga y que el día antes de los hechos le llamó para que se trasladara a Madrid para proveerse de la mercancía que vendía una gitana, cosa que hizo, si bien la transacción no llegó a efectuarse.

Mantiene que al indicar a Antonio Adrián que se disponía a regresar a Arévalo haciendo escala antes en Medina del Campo para recoger a su novia, la también acusada María Vicenta, que pasaba allí el día con la hermana de ésta, su compañero de banquillo le pidió que le dejara ir con él porque en dicha localidad vallisoletana "había un notas que le debía dinero".

Manuel relató al jurado que al llegar a Medina dejó a Antonio Adrián en plena calle y él fue a casa de su cuñada para recoger a su pareja, con la que cenó antes de emprender ambos camino de regreso a Arévalo. Sin embargo, al pasar por el club "La Vegas", trayecto obligado en dirección a la localidad abulense, recuerda que apareció Antonio Adrián a la carrera y al grito de "¡tira, tira, tira"!, tras lo cual este último se subió al turismo y sacó una pistola que puso a su mujer.

Llevó hasta Madrid al pasajero y, como así asegura, de regreso a Arévalo se enteró de lo ocurrido en el burdel de Medina que regentaba Mariano, con el que mantiene que siempre se ha llevado bien y no había deuda alguna entre ellos. "Había ido al club a beber varias veces y la relación era buena, hasta el punto de que me había dejado en ocasiones el coche", alega Manuel, quien justifica las llamadas posteriores efectuadas a Antonio Adrián en su deseo de pedirle explicaciones y preguntarle si había tenido algo qué ver con el trágico suceso.

Su pareja, que no se ha apartado un milímetro de lo relatado por el anterior, ha reconocido, también únicamente a preguntas de su abogado, que, ocasionalmente, ambos se dedicaban a trapichear con drogas para su autoconsumo, pero ha negado que existiera una deuda entre el hostelero tiroteado y su entonces novio.

En su declaración, primera realizada hasta la fecha ya que hasta entonces había optado por guardar silencio por miedo, ha acusado a Antonio Adrián de someterla a ella y su pareja a constantes amenazas, la última el pasado sábado cuando, pese a encontrarse los tres presos en Villanubla, el aludido logró advertirles del peligro de incriminarle. "¡Nos juró los muertos y amenazó con pegarnos un tiro! Tengo mucho miedo", son las últimas palabras con las que María Vicenta ha puesto el broche a su testimonio.

EL ÚNICO QUE RECONOCE SU CULPA

El cuarto de los procesados, Pablo A.L, acusado de encubridor y compañero de piso en Madrid de Antonio Adrián, ha sido el único dispuesto a declarar a preguntas de todas las partes. Su testimonio ha avalado el alegato de su inquilino, quien, como así apunta, de regreso a la capital de España "se desmoronó, se puso a llorar" y relató lo que había ocurrido en Medina, hasta el punto de incluso llegar a creer que Manuel había matado al propietario y a tres camareras que se encontraban en el interior en el momento de los hechos.

Pablo también ha reconocido haber colaborado como mediador con Antonio Adrián para que éste se deshiciera del revólver que Manuel había comprado en Fuenlabrada. "Yo le dije que podía ponerle en contacto con alguien que podía recomprarle el arma", ha confesado sin tapujos el cuarto de los acusados.

El juicio entrará mañana en su segunda jornada.

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